
Por Alejandra Contreras-Manzano, consultor independiente y Alejandra Cantoral Preciado, ACT Departamento de Salud, Universidad Iberoamericana
El rápido incremento en las prevalencias de sobrepeso, obesidad y diabetes en México han llevado a que la academia, el gobierno federal y estatal, así como otras instituciones, desarrollen una serie de acciones desde 2006 como la “jarra del buen beber”, el acuerdo nacional de salud alimentaria y el impuesto a las bebidas azucaradas (1). Para 2016, la persistencia de estos problemas de salud llevó a declarar una Emergencia Epidemiológica para todas las Entidades Federativas en el país, misma que se ratificó en el año 2018.
De acuerdo a estudios recientes, se conoce que el consumo de alimentos ultra-procesados, es decir aquellos con alta densidad energética, ricos en azúcares, sodio grasas trans y grasas saturadas, han incrementado considerablemente a nivel nacional de 10.5% en 1984 a 23.1% en 2016 (2); mismos que en promedio, contribuyen con el 69% del total de los azúcares añadidos en la dieta de los mexicanos (3). A la par se ha documentado en diversos países que el etiquetado frontal es una estrategia costo efectiva para reducir el consumo de componentes de la dieta que se asocian a enfermedades crónicas (4).
En México del año 2014 a 2020, los alimentos y bebidas no alcohólicas pre-envasados estuvieron regulados de acuerdo a la NOM-051, la cual indicaba que debían mostrar en la parte frontal de los empaques el etiquetado GDA (Guías Diarias de Alimentación). Éste etiquetado en México fue impulsado por la propia industria alimentaria, ya que sus puntos de corte no estaban basados en las guías de la Organización Mundial de la Salud (5). Además del conflicto de interés existente en el diseño e implementación de éste etiquetado frontal, en México dicho etiquetado fue analizado extensamente en estudios de investigación que demostraron que no era utilizado por la población y que no era comprendido por la población en general (6-8) e incluso por estudiantes de Nutrición (9).
Por lo anterior, la necesidad de un nuevo etiquetado frontal que informara de forma clara, veraz y sencilla la cantidad excesiva de nutrimentos críticos y energía (calorías) en los productos procesados y ultra-procesados se hizo cada vez más urgente. Por ejemplo, el etiquetado frontal de advertencias consiste en sellos octagonales negros que, como su nombre lo indica, advierte al consumidor sobre cantidades excesivas de energía o nutrimentos críticos en los alimentos y bebidas pre-envasadas. Este etiquetado se ha implementado obligatoriamente en otros países en Latinoamérica, el primero fue Chile en tres fases graduales de implementación para los años 2016, 2018 y 2019, posteriormente siguió Perú en dos fases, Uruguay y ahora México.
El nuevo etiquetado frontal de advertencias publicado en el diario oficial en marzo de éste año entrará en vigor el próximo 1 de octubre. No obstante, las empresas tendrán como límite al 1 de diciembre del presente año para que todos sus productos eliminen de los empaques el anterior etiquetado frontal, GDA y se regulen de acuerdo a la NOM-051 2020. Su perfil nutrimental es una combinación de límites del perfil de Chile y de los criterios del modelo nutrimental de la Organización Panamericana de la Salud, perfil que fue creado con evidencia científica robusta como resultado de rigurosos trabajos de expertos en el tema de Latinoamérica y su objetivo es prevenir la obesidad y enfermedades crónicas degenerativas a través de establecer límites máximos recomendados para azúcares, grasas y sodio, y la presencia de edulcorantes en los alimentos procesados (10).
Cabe resaltar que la comprensión de dicho etiquetado ya ha sido evaluada en población mexicana de medianos y bajos ingresos, incluyendo niños de primarias públicas y se encontró que el nuevo etiquetado frontal de advertencias ayudó a elegir las opciones de productos más saludables (11).
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Referencias