
En los negocios, el amor no basta
Por Oso Trava, Emprendedor, fundador de Dumo Labs, Creador de Cracks Podcast y shark en Shark Tank México
Cuando estás enamorado, lo último que piensas es en protegerte del otro.
Pero cuando eres socio, ese es tu deber.
He visto negocios promisorios deshacerse por divorcios, pleitos o diferencias que pudieron haberse prevenido desde el día uno.
La regla es simple:
Lo que no se habla al inicio… se convierte en bomba de tiempo.
Así que si estás emprendiendo con tu pareja (o tu mejor amigo, o tu hermano), aquí va un blueprint básico para evitar dramas innecesarios:
Acuerdo de accionistas desde el día cero.
Que quede claro: roles, responsabilidades, derechos, obligaciones, y sobre todo… qué pasa si alguien se quiere ir o las cosas se complican.
Cláusulas de salida.
¿Qué pasa si uno ya no quiere seguir? ¿Quién tiene derecho a comprar? ¿A qué precio? ¿Hay opción de venderle a un tercero?
Vesting y aportaciones claras.
¿Se están ganando el equity o fue un “50/50 de cariño”? Porque los negocios necesitan estructura, no romanticismo.
Separar la relación personal del negocio.
Tener reglas para no llevar pleitos a la junta ni decisiones a la almohada. No es fácil, pero es vital.
Hablar de lo incómodo antes de que sea urgente.
Nadie quiere pensar en separarse… hasta que pasa. Y ahí ya es tarde.
Construir con alguien que amas es increíble. Pero también es riesgoso si no te preparas.
Así que la próxima vez que alguien te diga:
“No pasa nada, nos llevamos increíble…”
piensa en lo mismo que les dije a los fundadores de Doukie Cookies:
Eso no es suficiente.
Un gran socio no es el que te quiere. Es el que está dispuesto a dejarlo todo claro, justo porque te quiere.
¿Estás construyendo con amor… o con madurez?
Fotografía: Cortesía de Oso Trava