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El comportamiento de las marcas en el entorno actual de
polarización y politización
Por Isabel Blasco Ramos – directora general de Brandsight
Generaciones anteriores a las nuestras han escrito que el mundo siempre ha estado políticamente polarizado; de hecho, el término polarización proviene de la ciencia política. La realidad actual, marcada por una percepción casi apocalíptica de la sociedad, puede llevarnos a pensar que nunca hemos estado peor, que estamos al borde del abismo y que el mundo se va a acabar muy pronto. Esta debacle no sucederá en el corto ni en el mediano plazo; sin embargo, sí es cierto que cada vez se hace más difícil no tomar una posición dentro de este contexto. A las marcas les ocurre lo mismo, y la pregunta es si deben tomar partido y manifestarse de un lado o del otro del espectro.
El avance de la tecnología ha sido cómplice de la globalización y, en consecuencia, de nuestro libre acceso a las marcas y al ecosistema en donde se mueven, con un solo click. Los consumidores nos hemos convertido en prosumers, acrónimo de producer y consumer: el consumidor no solo puede adquirir productos o servicios, sino que también asume un rol activo y participa en la creación, promoción o destrucción de las marcas que los respaldan.
Las redes sociales son las plataformas en las que los prosumers nos manifestamos a nuestras anchas; podemos ser lovers o haters, con una opinión que, para bien o para mal, afecta la reputación de las marcas. Con esta interacción tan poderosa, si las marcas – que de por sí ya están abiertamente expuestas a escrutinios – además se posicionan político-socialmente, la afectación en las opiniones del prosumer se multiplica exponencialmente.
Algunos ejemplos de cómo ciertas marcas han sido boicoteadas o censuradas por su cercanía a políticas determinadas – todos los ejemplos de Estados Unidos – son los siguientes:
Como conclusión, las marcas no deben tener opinión ni posicionamiento político, nunca.