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Outrise Studios convirtió a Ryan Gosling en un fan más de su propio alien

Por Uriel Naum Ávila

Hay momentos en los que la ficción y la realidad se separan por una línea muy delgada. Y luego está el momento en el que Ryan Gosling, Phil Lord y Christopher Miller —los cerebros detrás de uno de los estrenos más esperados del año— se olvidan de que están en una premiere, se agachan frente a una pantalla y empiezan a mover los brazos como si fueran pulpos alienígenas.

Outrise Studios
Cuando Ryan se acercó al túnel y vio el vidrio, se sorprendió por ser igual al del set.

Eso no es el backstage de una película de Wes Anderson. Eso es “Mimic Rocky’s Experience”, la jugada maestra que acaba de tirar Outrise Studios.

En el marco de la premiere de Proyecto Fin del Mundo (Sony Pictures), este estudio creativo audiovisual y de producción digital —con sello 100% mexicano— decidió que ya estaba bueno de hacer pósters y tráilers. “¿Qué tal si mejor la gente vive la película antes de verla?”.

La apuesta fue tan arriesgada como brillante: recrear a Rocky, ese alienígena con forma de roca que se roba el corazón de la cinta, y meterlo en un túnel inmersivo en el Papalote Museo del Niño. Pero no un Rocky de cartón. Uno que te ve, te copia y te responde como si tuviera alma propia.

“El reto no era solo técnico, era emocional”, confesó Omar M. Marty, líder creativo del proyecto. “Tenía que sentirse vivo. Si la gente sentía que estaba frente a un robot, habríamos fracasado”.

Y vaya que no fracasaron.

El equipo desarrolló un software con cámaras de Inteligencia Artificial —de las que se usan en robótica humana— para que el personaje replicara en tiempo real los movimientos de quien se parara frente a él. Pero lo verdaderamente sorprendente fue el siguiente nivel: además de imitarte, Rocky suelta frases, mete el puño, te saluda o se ríe. Cada interacción es distinta. Como si el bicho tuviera personalidad propia.

Outrise Studios
“La vara quedó altísima”, admite Omar M. Marty, de Outrise Studios.

“No queríamos un espejo”, explicó Verónica Veana, co-creadora del concepto. “Queríamos que la gente sintiera que tenía su propio encuentro. Eso es lo que hace especial al personaje en la película: la conexión”.

El proyecto se cocinó en apenas mes y medio. Un tiempo muy corto si consideramos que para lograrlo, Sony México y Sony Estados Unidos les abrieron “la bóveda” con los archivos originales del modelado 3D y las esculturas usadas en los efectos visuales del filme. O sea, los mismos datos que usaron los magos de Hollywood.

Pero aquí viene lo jugoso.

Outrise no solo lo hizo para periodistas e influencers. Lo instalaron en Forum Buenavista, en la Ciudad de México, y lo llevaron al press junket donde estaban Ryan Gosling y los directores. Y lo que pasó ahí, ni los guionistas lo pudieron inventar.

“Cuando Ryan se acercó al túnel y vio el vidrio que recreamos, soltó ‘es igual al del set’”, cuenta Veana entre risas. “Los directores empezaron a moverse como Rocky y a reírse. Fue como ver a dos amigos reencontrarse”.

Marty añade, con una sonrisa que delata el orgullo: “Ellos no querían que les explicáramos cómo funcionaba. Llegaron, vieron a Rocky y empezaron a jugar. Olvidaron que era tecnología. Eso es lo máximo que te puede pasar como creativo”.

Y es que, aunque suene a frase hecha, aquí el chiste no fue la imitación, sino la emoción. Ver a Gosling replicando una escena que ya hizo mil veces, pero esta vez con un fan movedizo al otro lado de una pantalla, fue el termómetro perfecto: esto no es un espejismo de relaciones públicas, es una experiencia real.

El estudio, fundado en 2011, ya traía experiencia en este tipo de proyectos interactivos. Han hecho desde Apps para atrapar fantasmas hasta activaciones con One Direction, donde las fans mexicanas “abrazaban” a sus ídolos mediante pantallas. Pero con Rocky se fueron a otro planeta.

“La vara quedó altísima”, admite Marty sin tapujos. “Y ahora el siguiente proyecto nos va a doler más. Pero ese es el punto: si no duele, no estás innovando”.

Lo que Outrise demostró aquí va más allá de la pirotecnia tecnológica. Le pegó al corazón del espectador. Porque al final, da igual cuántos megapíxeles o cámaras de IA uses: si logras que un actor nominado al Oscar se ría como niño frente a tu invento, ganaste.

Y mientras el mundo voltea a ver qué más sale de este estudio mexicano, los fans de la ciencia ficción ya tienen una cita pendiente: pararse frente a Rocky, mover los brazos como si no hubiera mañana y sentir, por un segundo, que el universo no está tan lejano.

Porque como dice Verónica Veana, y aquí me atrevo a suscribirlo: “Más que una activación, queríamos crear un momento auténtico. Y lo logramos”.

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