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¿Hacia dónde dirigir la innovación?

Por Dr. Mayer Cabrera Flores, director del Instituto INNSIGNIA de CETYS Universidad y profesor titular de CETYS Graduate School of Business.

 

Tras la llegada de la cuarta revolución industrial, con tecnologías como el big data, el internet de las cosas y la inteligencia artificial, hemos sido testigos de un avance acelerado en la innovación tecnológica. La más reciente ola, que comenzó en 2010, se mantuvo con fuerza hasta 2022, con el incremento constante de indicadores como la inversión en I+D, el crecimiento de startups valoradas en más de mil millones de dólares (unicornios), la solicitud de patentes y la publicación de artículos científicos. 

 

Cortesía
Dr. Mayer Cabrera

Sin embargo, el Global Innovation Index (2024) sugiere una desaceleración a partir de 2023, ya que el número de publicaciones científicas, solicitudes de patentes, entre otros indicadores, ha disminuido, algo que no ocurría desde 2009 (The Economist, 2024).

 

Ante este escenario, surge la pregunta: ¿Estamos frente al inicio de una crisis de innovación o simplemente ante una transformación en la forma como la entendemos? En lugar de concentrarnos solo en el volumen de innovación que se produce, tal vez deberíamos comenzar a prestar más atención a la calidad de estas contribuciones. Además, es hora de repensar la innovación, no solo desde un enfoque tecnológico, sino también valorando la creatividad en su sentido más amplio.

 

Primero hablemos de la calidad. El hecho de que haya menos publicaciones científicas o patentes no es el único problema. Otro problema, tanto o más fuerte, es confirmar si estas publicaciones y patentes están generando ideas nuevas y valiosas. Estudios recientes (Park, Leahey y Funk, 2023) señalan que conforme avanza el tiempo, los desarrollos científicos y tecnológicos han sido menos sorprendentes, y los desarrollos transformadores tardan más en aparecer. 

 

El estudio realizado por investigadores de la Universidad de Minnesota y de la Universidad de Arizona, analizó 45 millones de artículos científicos en el periodo de 1945 a 2010, y 3.9 millones de patentes entre 1976 y 2010. Entre las causas de esta caída en el número de desarrollos transformadores, encontraron que los investigadores cada vez buscan con mayor frecuencia obtener pequeñas mejoras de sus investigaciones y no necesariamente descubrimientos revolucionarios.

 

Además suelen restringirse al conocimiento previo dentro su mismo campo del conocimiento, por lo que limitan su interacción con otros campos, y con ello la capacidad de lograr innovaciones trascendentales.

 

En lugar de descubrir cosas radicalmente nuevas, muchas investigaciones están enfocadas en perfeccionar o mejorar lo que ya conocemos. Una analogía sencilla podría ser el de una receta de cocina: en lugar de inventar nuevos platillos, muchos científicos y tecnólogos se están dedicando a mejorar recetas que ya existían, sin grandes saltos creativos.

 

En segundo lugar, es importante replantear qué significa realmente “innovar”. Tradicionalmente, hemos asociado la innovación con avances tecnológicos, pero hay otras formas de innovar. En este sentido, en los últimos años han surgido propuestas académicas (Peris-Ortiz, Cabrera-Flores y Serrano Santoyo, 2019) para explorar el potencial de las industrias culturales y creativas como otra vía de innovación, especialmente en regiones como América Latina.

 

Ante la dificultad de competir con gigantes tecnológicos como Estados Unidos, China, Alemania o Japón, América Latina puede encontrar un espacio de vanguardia en su riqueza cultural, y podría destacar de manera más natural en áreas como el arte, el diseño, la gastronomía o el patrimonio cultural. Estas expresiones son tan valiosas como las patentes o los artículos científicos, en el contexto de un concepto más amplio de innovación. Este tipo de creatividad también puede generar grandes avances, aunque no venga acompañado de una patente o un artículo científico.

 

En definitiva, la disminución en algunos indicadores tradicionales de innovación no necesariamente indica crisis. Quizás estamos entrando en una etapa donde necesitamos redefinir qué significa innovar dentro de nuestro contexto y hacia dónde queremos llevarla. Más allá de la tecnología, el futuro de la innovación también podría estar en la creatividad cultural, en un nuevo equilibrio entre ciencia y cultura, en cómo usamos el arte y nuestras ideas para mejorar la vida de las personas y contribuir al desarrollo social y económico de sus regiones.

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