¿Estamos invirtiendo mal en Inteligencia Artificial?
Las organizaciones no enfrentan un problema de acceso a herramientas de inteligencia artificial, sino de preparación organizacional para convertirlas en impacto medible y sostenible.
Por Luis Battilana, Country Manager de Baufest México y Director General de Servicios para la Industria Financiera de Baufest Latam.
Durante los últimos dos años, la Inteligencia Artificial (IA) se convirtió en una prioridad estratégica para prácticamente todas las organizaciones. Las empresas han destinado millones de dólares a nuevos modelos, plataformas y proyectos de automatización con la expectativa de reducir costos, aumentar la productividad y transformar sus operaciones.
Muestra de ello es que las organizaciones planean invertir en promedio 186 millones de dólares en iniciativas de IA durante los próximos 12 meses, de acuerdo con el estudio Global AI Pulse de KPMG. Sin embargo, el entusiasmo inicial está comenzando a dar paso a una pregunta mucho más compleja: ¿dónde está el retorno de inversión? La misma investigación revela que, aunque el 64% de las empresas afirma haber generado algún valor con IA, muchas todavía enfrentan dificultades para medir su impacto, escalar sus iniciativas y traducirlas en beneficios tangibles para el negocio.
Hoy vemos un cambio en el discurso, mientras hace apenas un par de años se hablaba sobre la velocidad con la que la IA transformaría industrias completas y sustituiría grandes volúmenes de trabajo humano, actualmente la conversación es mucho más matizada e incluso Sam Altman, CEO de OpenAI, ha reconocido que el impacto de la IA sobre el empleo ha sido menor y más gradual de lo que inicialmente se anticipaba. Al mismo tiempo, empresas de prácticamente todos los sectores están descubriendo que implementar IA es mucho más complejo de lo que parecía.
Si bien muchas organizaciones no tienen problemas de acceso a la IA, la realidad es que la mayoría enfrenta un obstáculo de preparación para utilizar esta tecnología. La evidencia es contundente. De acuerdo con McKinsey, el 78% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función del negocio, pero solo una minoría ha logrado escalar estas iniciativas de manera transversal y generar un impacto significativo en sus resultados. La brecha entre experimentación y transformación sigue siendo enorme.
¿Por qué ocurre esto? En mi experiencia, la respuesta está en que muchas compañías están invirtiendo primero en modelos, herramientas y licencias, cuando en realidad deberían comenzar por desarrollar su AI Readiness: la capacidad organizacional para preparar datos, arquitectura, procesos y equipos antes de escalar cualquier iniciativa de IA.
La IA no opera en el vacío, necesita información de calidad, sistemas capaces de integrarse entre sí y procesos diseñados para incorporar decisiones automatizadas. Sin estas condiciones, esta potente tecnología termina convertida en una colección de pilotos aislados, casos de uso desconectados y demostraciones tecnológicas que generan entusiasmo, pero no transformación.
Desde Baufest, hemos sido testigos de que el éxito de la IA no depende exclusivamente de la sofisticación del algoritmo, sino de la capacidad de las organizaciones para integrarla en el corazón de su operación. Por ello, adoptamos un enfoque de AI Readiness que comienza mucho antes de implementar cualquier solución de Inteligencia Artificial. Primero trabajamos para comprender el problema de negocio, estimar el impacto que se busca generar y definir cómo se medirá ese resultado. A partir de ahí, diseñamos las condiciones necesarias con relación a los datos, la arquitectura, los procesos y la adopción organizacional, para que la IA pueda generar valor medible, sostenible y escalable. Gracias a esta aproximación, más del 95% de nuestros proyectos de IA han logrado alcanzar los objetivos definidos junto con nuestros clientes.
Esta visión coincide con un análisis reciente de McKinsey, que advierte que, a medida que las organizaciones buscan escalar sus iniciativas de IA, la preparación de los datos se ha convertido en el principal cuello de botella para generar impacto. La consultora señala que la capacidad de convertir la información en una fuente confiable, gobernada y disponible para toda la organización será uno de los principales diferenciadores entre quienes solo experimentan con IA y quienes realmente logran capturar valor a escala.
La diferencia es fundamental porque el verdadero retorno de inversión de la IA no proviene de automatizar una tarea puntual o de incorporar un chatbot, sino de rediseñar procesos, acelerar decisiones, mejorar la experiencia de los clientes y construir organizaciones capaces de aprender y adaptarse más rápido, generando un impacto medible y sostenible para el negocio.
Esto exige una conversación más madura sobre la IA que debe partir de la pregunta de si estamos construyendo las capacidades necesarias para capturar valor a partir de ella. Porque la próxima ventaja competitiva no estará en quién adopte Inteligencia Artificial, ya muchos lo hacen, sino en quién realmente está logrando integrarla de manera efectiva en el ADN de su negocio.
Para muchas organizaciones, esto implica aceptar una verdad incómoda: el problema no es cuánto estamos invirtiendo en Inteligencia Artificial, sino que lo estamos haciendo de una manera equivocada, que no se traduce en un impacto positivo y real para nuestra empresa.
En ese camino, contar con un socio tecnológico capaz de acompañar la estrategia, la arquitectura, los datos y la adopción se vuelve fundamental. La IA no genera valor solo por estar disponible; lo hace cuando está bien integrada al negocio, cuando las personas están preparadas para utilizarla con criterio y cuando existen indicadores claros para medir su impacto y retorno de inversión. Por eso, tan importante como elegir la herramienta correcta es capacitar a los equipos, adaptar los procesos y construir una cultura capaz de convertir la IA en una capacidad real de la organización, no solo en una inversión más.
Hoy más que nunca debemos tener claro que la IA no transformará a las empresas que simplemente la compren, sino a aquellas que sepan integrarla, gobernarla y ponerla al servicio de su gente y de su negocio.
