Autocuidado con ciencia, manufactura “Hecho en México” y una tesis de crecimiento basada en productividad sanitaria
El calor de Cuernavaca cae como una sábana espesa. En el escenario, dos voces—Elizabeth Escalante y Lorena Gallardo—abren el último pliegue del día con algo que no suena a discurso, sino a pertenencia: “Somos una empresa alemana, pero con mucho corazón mexicano”. No es frase de ocasión. La planta de Lerma, con su sello Hecho en México, late detrás de cada dato, de cada caja en las estanterías de una farmacia de pueblo o del anaquel brillante de un hipermercado en Santa Fe.