Ante el riesgo de convertirme en un ser humano inútil, estoy tratando de evitar usar la inteligencia artificial para solucionar problemas de mi vida cotidiana. Pero el otro día caí en la tentación. Necesitaba con urgencia la recomendación de una marca para un producto muy específico y ChatGPT me dio tres opciones con pros y contras muy claros. Hasta ahí, nada raro. La sorpresa fue que la marca que yo tenía en mente, esa que muchas personas me hubieran recomendado, no estaba en la lista. Ni un atisbo. Ni un “depende del presupuesto”. Nada.
