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El error estratégico: entender a las mujeres… sin darles poder

radigrafia de liderazgo Femenino

Berenice Nava (Directora de Marketing FMCG y Marketing Woman 2025)
Paola Escalante (Managing Director de LePub Mexico City)
Michele Teutli Valencia (Head of Furnishing & Houseware Mercado Libre México)
Karla Santa Anna "Crayo" (Directora Creativa Freelance)
Diana Mañueco (Brand Leader. en BBVA México)
Tatiana Rico (Creative Manager en Nu México)
Camila Trombert y Jeniffer Ibarra, socias fundadoras de Guoman

Mientras ellas deciden el 80% del consumo, las empresas siguen tomando decisiones sin ellas. No es un problema de equidad: es una fuga de rentabilidad.

El liderazgo femenino fue tratado como un indicador de progreso corporativo. Una cifra para reportes, un objetivo de reputación, una conversación obligada cada marzo.

Hoy, esa narrativa ya no es suficiente.

Un análisis impulsado por la agencia de estrategia Guoman pone sobre la mesa una realidad más incómoda —y más relevante para los negocios—: la sub representación femenina en los niveles C-level o directivo, no es solo una deuda estructural, es una ineficiencia competitiva.

Porque mientras las mujeres gestionan cerca del 80% de las decisiones de compra a nivel global, las decisiones sobre qué vender, cómo comunicar y hacia dónde crecer siguen concentradas en espacios donde esa perspectiva no está plenamente integrada.

El resultado no es simbólico. Es financiero.

De inclusión a performance: el punto de quiebre

Durante la última década, las organizaciones avanzaron en diversidad bajo una lógica de representación. Más mujeres en la mesa significaba progreso.

Pero el mercado cambió más rápido que las estructuras.

Hoy, la evidencia es más directa: las empresas con equipos directivos diversos tienen hasta un 25% más de probabilidad de superar a sus competidores en rentabilidad. No es una hipótesis cultural. Es una correlación de negocio.

Lo que está en juego ya no es quién ocupa un asiento, sino qué tan alineadas están las decisiones estratégicas con la realidad del consumidor.

Y ahí es donde muchas marcas están fallando.

La desconexión que cuesta dinero

La industria del marketing ha construido durante años narrativas sobre las mujeres: aspiracionales, idealizadas, simplificadas.

Pero pocas veces ha incorporado, en serio, a las mujeres en la construcción de esas narrativas desde el origen.

El problema no es solo creativo. Es estructural.

Hoy, apenas cerca del 30% de los roles creativos están ocupados por mujeres. Y en los niveles más altos de decisión, la cifra sigue siendo menor. Esto significa que gran parte de las ideas que buscan conectar con el principal motor de consumo global nacen sin esa perspectiva.

La consecuencia es clara: campañas desconectadas, mensajes genéricos y marcas que confunden visibilidad con relevancia.

Porque entender al consumidor no es segmentarlo. Es representarlo en la toma de decisiones.

El mito del “insight femenino”

Durante años, la industria ha romantizado la idea de que las mujeres aportan “sensibilidad” o “empatía” al negocio.

El problema de esa narrativa es que minimiza el verdadero valor estratégico.

La mirada femenina no es un atributo blando. Es una capacidad crítica para interpretar data, contexto y cultura de forma más compleja. Es entender tensiones reales del consumidor que no caben en dashboards tradicionales.

Y eso impacta directamente en tres variables clave:

  • Relevancia cultural
  • Efectividad creativa
  • Retorno de inversión

Cuando esa mirada no está presente desde el diseño de la estrategia, el costo no es reputacional. Es económico.

El verdadero techo de cristal: acceso al poder, no al talento

México no tiene un problema de talento femenino. Tiene un problema de arquitectura organizacional.

Las trayectorias hacia el C-level siguen respondiendo a modelos lineales, poco compatibles con realidades diversas. Las oportunidades de alto impacto —las que construyen visibilidad y poder— no se distribuyen de manera equitativa.

Y eso genera un cuello de botella silencioso: mujeres altamente preparadas que no llegan, o que llegan tarde, o que llegan a estructuras que no están diseñadas para sostenerlas.

El resultado es doble pérdida:

  • Para las mujeres, en términos de desarrollo y permanencia
  • Para las empresas, en términos de competitividad

El fin del marketing “seguro”

Otro síntoma de esta desconexión es la obsesión de las marcas por lo “seguro”.

Mensajes que no incomodan. Narrativas que no arriesgan. Representaciones que no reflejan la complejidad real de las mujeres.

Pero lo seguro ya no es rentable.

Las consumidoras actuales no responden a clichés. Responden a autenticidad, contexto y verdad. Y eso solo se construye cuando hay diversidad real en la mesa de decisión.

El marketing que evita el riesgo creativo está pagando un costo mayor: irrelevancia.

Lo que los CEOs y CMOs aún no están viendo

El error no está en reconocer la importancia del liderazgo femenino. Eso ya es consenso.

El error está en seguir tratándolo como una agenda paralela, y no como una variable central de negocio.

Porque esto no se trata de equidad.
Se trata de eficiencia.

No se trata de representación.
Se trata de precisión estratégica.

No se trata de diversidad.
Se trata de rentabilidad.

La pregunta incómoda que define el futuro

Si las mujeres deciden qué se compra,
¿por qué no están decidiendo qué se vende?

Responder esa pregunta implica rediseñar estructuras, no solo discursos.

Implica mover la diversidad del área de cultura al corazón de la estrategia.

Implica aceptar que muchas decisiones actuales no están optimizadas para el mercado real.

El liderazgo femenino ya no es una conversación aspiracional ni una narrativa de marca.

Es una ventaja competitiva que algunas empresas ya están capitalizando —y otras siguen subestimando.

En un entorno donde la relevancia cultural define el crecimiento, entender al consumidor no es suficiente.

Hay que parecerse a él en la toma de decisiones.

Y hoy, las empresas que no integren esa lógica no solo serán menos equitativas.

Serán menos rentables.

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