Hace años, los botones automáticos en los centros de atención eran un avance… hasta que se convirtieron en frustración. Los sistemas eran rígidos, impersonales y no resolvían nada. Hoy, gracias al lenguaje natural, la Inteligencia Artificial no solo conversa: entiende. Y esa comprensión empieza a alimentar sistemas mucho más ambiciosos: los programas de lealtad inteligentes.



